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El Imperio de las redes sociales PDF Imprimir E-mail

La “rebelión blackberry” de los jóvenes londinenses, el movimiento de “indignados” en Madrid y luego en toda España, la revolución egipcia iniciada por mensajes en facebook han venido a demostrar que a los gobiernos les cuesta cada vez más (afortunadamente) controlar el flujo informativo que llega y emiten los ciudadanos.

La interconexión cada vez más fluida entre ellos a través de las redes sociales, los mensajes de texto o la mensajería instantánea del chat telefónico están sacudiendo los cimientos de la organización social e institucional del planeta entero que, al menos, está observando cómo se difumina la intermediación entre gobernantes y gobernador. Es probable que por ello, en un plazo aún indeterminado, la democracia representativa o semidirecta tenga que virar hacia formas más directas de participación ciudadana en las decisiones (¡con internet ya es posible repetir la experiencia del ágora griego, por ejemplo!).

Pasa lo mismo con los gobiernos locales. Hoy resulta prácticamente imposible “tapar el sol con la mano”. El estado de las calles, los semáforos, los terrenos baldíos, los basurales, la recolección de residuos, los problemas con el alumbrado público son temas que circulan como reguero de pólvora en twitter o facebook, entre los SMS o el chat de blackberry, y modifican el comportamiento de la “opinión pública” que empieza a tener vida independientes más allá de los órganos de prensa de las administraciones y hasta de las decisiones de los medios de comunicación tradicionales.

El nuevo mundo transita a todo galope y no parece eficaz enfrentar los problemas que acarrea con las mismas viejas recetas.

 
La canción de la Mona. PDF Imprimir E-mail


La "Mona" firma libros en la Feria. El episodio es inédito. Un cantante popular (muy) entra en el Parnaso de las letras cordobesas.

Un chico vestido con camiseta de Belgrano está entre los primeros fans. Lleva un bastón blanco y va del brazo con su madre.

El chico es ciego.

Cuando llega a la "Mona" lo abraza y llora. Su madre dice que lo ama, que no sabe cuánto esperó ese momento.

La "Mona" le firma el libro, la camiseta, lo besa, lo alienta.

El chico y la madre se van.

Un preso de la cárcel San Martín está viendo por tele. Se emociona. Hace años, en los talleres de la cárcel aprendió el Braille. No duda. Pide un libro de la "Mona", y papel, y punzón, y plantilla, y se pasa dos meses traduciendo. Termina los seis tomos y le manda una nota al Doce.

El Doce ubica el chico y los reúne en la cárcel. El chico es feliz, sus padres son felices, el chico es feliz.

A la sociedad en que vivimos le falta afecto. Le sobran golpes, agresiones, descalificaciones. Falta una mano que se pose en una cabeza para acariciarla, no para golpearla. Hace falta que nos sintamos protegidos y cuidados por un beso.

Cada vez que voy a una escuela urbano marginal me doy cuenta de las pocas chances que le damos a esos chicos sin caricias. Chicos que aprenden que el contacto físico es violento o no existe. ¿Qué valor pretendemos que le den a las cosas cuando crecen?

Cuando llegamos a quejarnos, a reclamar, a protestar por la "inseguridad" ya es tarde. Hay muchos años que se perdieron antes. A veces no hace falta tanto. Nada más que un gesto, un guiño, un libro, una canción cantada en el momento justo, en el lugar preciso.

 
Bloqueo a la planta de Clarín: Decir y pensar PDF Imprimir E-mail

Muchos creen, errónamente, que proteger la libertad de prensa es proteger el privilegio de los periodistas y las empresas periodísticas a decir lo que quieren. La equivocación consiste en ignorar que la existencia de los medios de información se debe a la necesidad (a la obligación) de cumplir con el derecho de los ciudadanos a recibir información de su legítimo interés y expresar sus ideas sin censura previa.  Los medios son lo que su nombre indica, un vehículo para las necesidades informativas (en este caso) de los ciudadanos. Proteger la libertad de prensa es, entonces, proteger la libertad de expresión.

De Jefferson a Voltaire, de Locke a Rosseau, los primeros pensadores de la libertad tal como hoy la entendemos, ya han escrito y hablado mucho sobre las “bondades” de la libertad de expresión. En resumen podría decirse que si no hay libertad para decir, no hay libertad para pensar, y sin pensamiento, ya se sabe, no hay distinción entre la raza humana y las demás especcies. Tan simple y contundente como eso.

El axioma es entonces, el que se le atibuye a Voltaire: “No comparto para nada lo que dice pero daría mi vida para que puedas seguir diciéndolo”. Precisamente porque es del discenso, del intercambio de ideas distintas, de donde surge la síntesis innovadora, progresista.

El estrépito generado por el bloqueo de la planta gráfica de Clarín, que impidió que saliera el diario, no es la reacción para defender a una empresa de un ataque sindical, es el levantamiento de gente que entiende que hay quienes quieren ponerle cepos a la libertad de prensa, por ende a la libertad de expresión, por ende al pensamiento libre, por ende a la evolución de la sociedad.

 
A solas con Serrat: Libres o Justos PDF Imprimir E-mail

En la entrevista que hicimos con Werner Martínez en Buenos Aires, Serrat dijo que podía haber un país libre en el que existieran bolsones de injusticia (“con lo cual no es del todo libre”, aclaró). Pero lo que nunca puede ocurrir es un país justo sin libertad. Para Serrat un país en el que sus ciudadanos no son libres, no puede ser justo. Y fue todavía más allá. Dijo que el concepto de justicia es un concepto colectivo. Que es la sociedad en conjunto la que debe avanzar hacia el ideal de justicia, que no puede llegar un iluminado e imponerle a toda una sociedad su propio concepto de lo que es justo o no. Que eso es autoritarismo, no justicia.

Serrat fue perseguido por regímenes autoritarios por no cantar lo que indicaban las “órdenes”.  Y prefirió exiliarse, no cantar en su país, a obedecer las reglas que un tirano le quería imponer. No importa el asunto de que se trate, dijo, importa que nadie le puede impedir a otro cantar lo que quiere, aunque lo que el otro quiera cantar no sea lo que más se ajusta a nuestro ideal.

Serrat no canta para convencer a nadie de nada, Serrat cree que el tiempo y las cosas van haciendo cambiar de parecer a un hombre, Serrat no cree en dogmas inmutables. Por eso ha vuelto a cantar a Miguel Hernández: “para la libertad sangro, lucho, pervivo”.

 

 
Rquiém al Negro Juárez PDF Imprimir E-mail

Murió el Negro Juárez. Lo fulminó un cáncer. Había nacido en Ballesteros y vivía en Carlos Paz, pero como buen tanguero, era porteño hasta la médula.
Un tipo enorme, el Negro. Una voz enorme, un bandoneón enorme. Un talento de los pocos, si les suena hiperbólico decirle genio.

 


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