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La llegada de los primeros fríos nos invita a comer más y a movernos menos. Nuestro organismo es homeotermo, necesita mantener una temperatura corporal estable en 36,6ºC. Para ello recurre a distintos mecanismos para generar calor (por ejemplo tiritar) y nos induce a comer más para obtener “calorías” que le ayuden en su propósito. Por eso en verano más ensaladas frescas y en invierno guisos.
¿Cómo hacemos para no engordar con el frío? No es necesario aumentar las kilocalorías, sino modificar la forma de preparación de los alimentos. Veamos algunas ideas.
GUISOS: de lentejas, porotos, garbanzos, solos o combinados con arroz o trigo y mondongo, sin el agregado de grasa.
PASTAS o POLENTA: solas o con vegetales, con salsas sin cuerpos grasos.
VEGETALES: cocidos, budines, tortillas, soufflés o panachés.
CALDOS Y SOPAS: antes o después del plato principal. Si desea comer menos le sugiero que primero ingiera un caldo o sopa.
CONDIMENTOS PICANTES: dan sensación de calor sin agregar kilocalorías.
FRUTAS: asadas al horno o en compota.
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“Tomá un vaso de leche tibia para dormir”, afirmaban empíricamente las abuelas llenas de sabiduría. Y tenían razón. Hoy la ciencia confirma su teoría.
En nuestro cerebro existen neurotransmisores que generan calma y otros estimulación. Para sentirnos bien, placenteros, la serotonina es quien se pone en marcha para conectar nuestras neuronas.
Por lo tanto eligiendo alimentos que favorezcan su síntesis aumentaremos su concentración en el cerebro y esto permitirá estar predispuestos al descanso. Y estos alimentos deben contener triptófano, un aminoácido (constituyente de las proteínas) a partir del cual se sintetiza la serotonina y además deben estimular la secreción de insulina que ayuda a ingresar el triptófano dentro de las neuronas.
Entre otros, la avena, banana, papa, almendras y el vaso de leche de la abuela son opciones, solos o combinados, para ayudarnos naturalmente a conciliar el sueño evitando el molesto insomnio. Tilo, melisa y valeriana son alternativas para complementar a los alimentos en la lucha por no contar ovejas para dormir.
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Casi a manera de rezo los médicos pregonamos con insistencia aumentar el consumo de pescado. Y todos lo sabemos. Es muy saludable. En 1982 un estudio sobre la dieta de los esquimales, relacionó y comprobó que la baja incidencia de infartos y enfermedades cardiovasculares entre los esquimales estaba relacionada con su dieta, elevada en grasa animal marina, con gran aporte de ácidos grasos omega 3.
El aumento de consumo de pescado en Pascua, por razones religiosas, permite inferir que la escasa ingesta durante el resto del año no se debe a una cuestión de gusto, “no como porque no me gusta”. Existen innumerables tipos de pescado y formas de prepararlo. Tenemos un litoral marítimo deseado (y violado) por otros países. ¿Qué hace que no podamos habituarnos al consumo de pescado?
Aportan proteínas de alto valor biológico (igual a las del resto de las carnes), vitaminas A y D y como consecuencia de la importante cantidad de omega 3, el pescado está indicado para bajar los triglicéridos y colesterol, mejorar el sistema inmunológico (de defensas), ayudar a “licuar” la sangre, disminuir la inflamación (en enfermedades reumáticas) y contribuir al desarrollo del cerebro y la retina de nuestros chicos.
Entonces, ¿por qué sólo en Pascua?
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Investigadores de la Universidad de Scranton, Pensilvania (EEUU) demostraron que las nueces son un alimento altamente saludable.
Aportan acidos grasos omega 3 y 6 (grasas buenas), fibra, proteína vegetal (arginina), fitoesteroles, antioxidantes, vitamina E, calcio, ácido fólico y magnesio entre los nutrientes más destacados.
Esta combinación hace de las nueces un cóctel poderoso a la hora de prevenir enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y diabetes.
Son anticoagulantes, provocan vasodilatación, bajan la presión arterial y el colesterol.
Además, 30 g de nueces aportan 180 kilocalorías, mientras que 1 manzana tiene 120 kilocalorías, por lo que se transforman en una opción nutritiva, rica y saludable en colaciones, ensaladas, con yogur, etc.
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Cada vez más personas lucen en sus muñecas las “pulseras mágicas”, esas que publicitan su capacidad para equilibrar, dar energía y elasticidad al cuerpo. Parece imposible de creer, pero vendieron millones, a través de la promoción que hicieron de ellas destacados deportistas, Cristiano Ronaldo, Shaquille O'Neill y Rubens Barrichelo, entre otros. Y digo increíble, porque no existen estudios médicos que avalen las supuestas propiedades.
Pero ante los cuestionamientos y multas por publicidad engañosa en Italia, España y Australia, la compañía que fabrica las pulseras tuvo que admitir en un comunicado que “no cuentan con pruebas científicas para sostener que el producto cumple con la publicidad que promete, mejorar el rendimiento físico y el equilibrio en quienes lo utilizan”
Pidieron “sinceras disculpas” y deberán devolver el dinero a quienes así lo reclamen. Moraleja: no todo lo que brilla es oro y como decimos siempre, si existiera algo que curara todo…
Evitar el cigarrillo, comer bien, practicar actividad física, pero también cuidarse de los “chantas” que venden fantasías ante la necesidad y desesperación de la gente.
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